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lunes, 12 de octubre de 2009

¿Vacunarse o no? Ese es el dilema




Hace dos siglos que las vacunas han salvado millones de vidas y erradicado enfermedades de la faz de la Tierra. Las vacunas son educadores que enseñan a nuestras defensas para combatir mejor invasores específicos. Los instructores son virus o bacterias vivos pero atenuados, muertos, o pedazos de sus cadáveres que entrenan al sistema inmunológico para permitir la detección temprana y la aniquilación de futuras invasiones enemigas. No es improbable que se consigan formar vacunas que puedan capacitar al organismo para reprimir células cancerosas, corregir procesos neurológicos como la enfermedad de Alzheimer o a no equivocarse desarrollando la amplia variedad de enfermedades autoinmunes. Las vacunas, además del componente principal, contienen ayudantes que aceleran el aprendizaje defensivo en nuestro cuerpo. Nuevas generaciones de vacunas incorporan sustancias muy prometedoras para intensificar la respuesta a la vacunación al mismo tiempo que carecen de efectos tóxicos. En el caso de la vacuna contra el virus de la influenza A H1N1 no ha habido tiempo para introducir innovaciones y se han producido con los mismos procedimientos y métodos, probados año tras año hasta la saciedad con la influenza estacional. Vacunarse contra las influenzas estacional y porcina en personas inmunológicamente normales debería depender solamente de tener o no tener acceso a ellas. Todo lo demás es un cuento chino.