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lunes, 25 de abril de 2011

Advertencia

Luego no digan que no les advirtieron si a sus bisnietos no les llega el legado…
Ahora todo es digital. Las grabaciones de audio, de vídeo, la señal de televisión, las fotografías ¡hasta los libros! No son pocas las ventajas que esto ha traído. El acceso a las fotos de nuestras camaritas es hoy inmediato. Replicaciones infinitas y transmisiones instantáneas a todo el mundo son posibles sin pérdida de calidad. El problema es que con este afán desmedido por innovaciones aceleradas lo que está en veremos es la transmisión al futuro .
Las fotografías, por ejemplo. La gran cantidad que tomamos con nuestras cámaras digitales de memoria privilegiada las vemos en la pantalla del monitor de la computadora o cualquier otro medio de reproducción digital. Son muy pocas o ninguna las que mandamos a imprimir. Esas fotos se guardan en un archivo de determinado tipo, comúnmente JPEG. Se ven más grandes que las impresas 4 X 6 y se adjuntan a un email que llega en segundos a la Conchinchina. Pero ¿de aquí a 50 o 150 años será posible verlas todavía? Ningún formato virtual ha durado 50 años. Luego está, además de la constante renovación de los programas, no siempre compatibles, la propia computadora donde se almacenan las fotos. En la vida de una de ellas, 20 años es ya una cifra de longevidad excepcional. Por otro lado los discos duros son bastante vulnerables a pesar de ser “duros”. Hay sitios web que permiten almacenar en línea sus archivos, pero internet comercial no lleva ni 3 décadas de existencia y la mayoría de los sitios web duran menos de una.


Lo de las fotos, sin embargo,  es menos complejo que los vídeos. Hemos asistido en la misma generación a la obsoletas películas caseras con la camarita de 8 mm, la cinta de vídeo de variables formatos sucesivos y el actual DVD al que ya empieza a hacerle sombra el disco Blue-ray. Ni hablar de los libros electrónicos donde Kindle, Sony y Apple compiten con medios incompatibles entre sí y protegidos-de-copiar.
La fotografía esa con la cual ilustré la entrada de hoy es de uno de los incunables de la biblias de Gutenberg hace como seis siglos. Los hoy vilipendiados libros impresos nos han hecho herederos de la ciencia y la cultura de la humanidad por los siglos de los siglos. Ya no se ve tan claro que ese legado llegue completamente a la generación de nuestros bisnietos.
¿Un consejo práctico? Trate de renovar los portadores de su mundo personal y familiar una vez por década copiándolo de un disco duro a otro, a nano chips, de un sistema operativo al siguiente, de un tipo de programa de archivo a otro y quién sabe si a la vuelta de un siglo nuestros descendientes terminarán trasladando el legado a implantes cerebrales.

Ah, y haga como yo que sigo prefiriendo los libros en papel.