
Ya sé que hay gente enferma de politicopatía, esa epidemia que se instauró entre los cubanos después de 1959. Gentes que padecen las secuelas del proceso que se inició el primero de enero de aquel año, y que independientemente de las virtudes que algunos le quieran atribuir al menos en sus intenciones, la realidad histórica de medio siglo las ha negado con saña y miseria. Lo que es irrebatible es que ha sido y es un proceso intolerante hasta lo irracional y absolutamente excluyente para quienes no le den su apoyo y complicidad incondicional y, al contrario, respeten un poco su propia individualidad.
Esa otra gente, enfermos de politicopatía y de la rabia triste del emigrado o exiliado (yo solo tengo la predisposición pero me curo en salud), repudian a esta artista divina por su alineación con aquel sistema desgraciado que, sin embargo debe reconocerse, propició los nutrientes para el caldo de cultivo en el cual el genio de la diva pudo desarrollarse en toda su potencialidad personal e institucional y para gloria de la nación cubana, la cual por cierto, no es un régimen de gobierno por mucho que se empeñen en convencernos de ello o por prolongado que este se extienda en el tiempo.
En esta entrevista deliciosa que le hizo una periodista argentina de hablar cantarino, Alicia Alonso nos cuenta exclusivamente acerca del BALLET, así con mayúsculas, y se nos revela en lo que es. La danza clásica, el sexto arte que tomó cuerpo en una mujer cubana.
Termino. Ya sé que se ha dicho que ella es Giselle, pero a mí me enamora su Carmen. En este otro vídeo la pueden ver en un mismo fragmento de Giselle desde la década de los 60 con 42 años de edad hasta 1993 en que bailó por última vez Giselle a los 72 años de edad.