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lunes, 21 de mayo de 2012

Saber Estar

 ¿Es la educación formal -como el apéndice vermiforme- un remanente vestigial, en la época de la cultura del chupi-chupi?

El último libro de Mario Vargas Llosa se titula “La civilización del espectáculo”. Se trata de un ensayo sobre la decadencia de la cultura que, en la óptica pesimista del Nobel peruano, terminará por desaparecer. El libro en la versión electrónica ya está a la venta*. Un jugoso adelanto de las razones de Vargas Llosa posteriormente desarrolladas en “La civilización del espectáculo” se halla en su artículo de opinión del mismo título, publicado en Letras Libres
 El famoso intelectual se ocupa de desmenuzar una filosofía, una ética y sobre todo una estética del concepto y de la historia de la cultura.  Guárdeme Dios de adentrarme en aguas de tanta profundidad. Baste con llamar la atención sobre tan autorizada palabra y trascendental tema.

Solo voy a referirme a un aspecto aparentemente superficial, visible en el entorno social actual y que es un rasgo en que la civilización ha evolucionado notablemente: el comportamiento en las relaciones humanas. Desde el seno del hogar hasta los espacios públicos se han venido devaluando la formalidad y las buenas maneras. Es ocioso que traiga ejemplos de ello porque el cambio está a la vista de todos.
La realidad es que por mucho desenfado, libertinaje, comodidad, naturalidad o igualitarismo que aduzcan los detractores de las buenas maneras,  no consiguen ocultar la realidad de su ignorancia del saber estar. Como todo lo relacionado con la construcción de una personalidad sana en cualquier aspecto, es en la niñez que se deben cultivar las buenas maneras. Habría que retomar refranes y dicharachosantes muy usados y ahora  un tanto olvidados, que contribuían a valorar los modales correctos y desmeritar las malas formas. Termino con cuatro de ellos.
 El burro delante para que no se espante.
Lo cortés no quita lo valiente.
Secretitos en reunión, es de mala educación.
 El hombre discreto, alaba en público y amonesta en secreto.
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*Un kindle gratis para PC y teléfonos inteligentes puedes bajarlo AQUÍ.

jueves, 12 de enero de 2012

Encrucijadas sociales

MODALES Y URBANIDAD
Refrito de una sección de la revista Parade

Indiscreción Comunicativa
Supongamos, por ejemplo,  que usted sabe que la hipoteca de la casa de uno de los compañeritos de aula de su hijo se va a ejecutar (ha caído en “foreclosure”) con el consecuente desahucio, a la larga o a la corta. En la fiesta de cumpleaños del hijo suyo, al recibir a la mamá del chico invitado, con la mejor intención usted le dice: -“siento  que pierdan su casa”. No se extrañe si sus palabras de compasión son tomadas a mal. Que la gente tenga información acerca de nuestras cosas privadas no suele ser de nuestro agrado. Sobre todo si se trata de cuestiones negativas o desventajosas. Seguro que si hubiera sido el caso de una felicitación porque lo que se sabe es que la persona había tenido una promoción laboral o académica, la mamá invitada no se habría irritado por lo enterada que estaba su anfitriona de sus asuntos personales. No meta la pata. Comparta la información positiva de sus semejantes y sea discreta(o) con las adversas. Por supuesto, esto vale para encuentros sociales y “conocidos”, no de familia ni de amistades cercanas.
Reciclaje de Obsequios
En términos generales, aunque no hay nada malo en regalar cosas que nos han obsequiado, se deben seguir ciertas prevenciones. Coloque el objeto en una nueva y bella envoltura de regalo y añádale una tarjeta personal. Quite toda etiqueta que pueda indicar que usted lo había recibido como un presente. Nunca re-regale dentro del mismo círculo social (compañeros de trabajo, etc.). Que no se trate nunca de algo que pueda, aunque sea remotamente, parecer usado. No importa el precio ni la apariencia porque ambos pueden ser engañosos, por tanto finalmente cerciórese de que se trata de algo que razonablemente pueda gustarle al obsequiado.

Relación Hijos-Maestros
No es raro que los niños se quejen a sus padres de que la maestra las tiene cogida con ellos. A veces cuentan que nunca les pregunta o que los califica con mayor rigor que a los demás. Como decimos los cubanos, que los llevan de la mano y corriendo o se le han “encarnado”. Bueno, hay que averiguar si hay algo de cierto en lo que el muchacho(a) percibe. Solicite una entrevista al maestro con el motivo explícito de analizar las maneras en que su hijo podría mejorar su aprendizaje y reflejarse en sus notas. Para empezar sería bueno hablar claro y una pregunta directa: “Mi hijo se siente agobiado aquí ¿Qué tendría que hacer él para mejorar en la clase?” Así se va a obtener un  conocimiento  directo de lo que está pasando. A lo mejor el maestro no tiene ni idea de lo que siente el chico. Los maestros quieren que sus alumnos progresen, algo consustancial a esa profesión y que además va en favor de sus propios intereses.