La ciencia y la tecnología, que se ha derivado simultáneamente de ella, han revolucionado la vida de los humanos. Los dispositivos para la comunicación como la radio, la televisión, el teléfono fijo y móvil, los sistemas de posicionamiento global (GPS) y el inefable internet transformaron el planeta en una aldea inmensa. Hace apenas un siglo el más adinerado habitante de la Tierra tendría que esperar meses para comunicarse con su antípoda. Hoy el ciudadano promedio de la mayoría de los países puede conseguir ver y conversar con tan remoto interlocutor en cuestión de minutos. La mayoría de la gente es consciente del tremendo impacto de esta esfera de la tecnología científica.
Sin embargo, la rama de la ciencia que se involucra más constantemente durante todas las horas de nuestro diario vivir es la Química. Desde que nos levantamos, nos cepillamos los dientes, nos vestimos, desayunamos, reiniciamos nuestras labores, realizamos higiene personal y del hogar hasta que nos acostamos entramos en contacto con infinidad de compuestos químicos creados artificialmente. Esto ocurre cuando lavamos la ropa, cuando fregamos la losa (los trastes), si ambientamos la habitación o el auto con un aromatizante, al remover el churre y la grasa de la cocina e incluso cuando nos vestimos con un tejido sintético.
En Estados Unidos la Ley para el Control de Sustancia Tóxicas (TSCA) se aprobó en 1976. Bajo esta ley se presupone que los compuestos químicos son inocuos a menos que se demuestre lo contrario y no es fácil alcanzar las cotas exigidas como pruebas. Por ejemplo, tres investigaciones importantes tienen resultados que muestran al formaldehido, un ingrediente común en materiales de construcción, asociado con cánceres linfáticos y de la sangre. No obstante, los esfuerzos de la Agencia para la Protección Ambiental (EPA) encaminados a restringir su uso han fallado debido a presiones y al cabildeo de la industria.
Desde el año 1976 en que se aprobó la inoperante ley TSCA el número de sustancias químicas presentes en productos comerciales se ha incrementado de 60 000 a 80 000 ¿Cuántos de esos 80 000 agentes no sometidos a revisión son invasores enemigos de nuestra salud? ¿Cuál es la situación de la legislación afín en Europa? ¿Cuál es en América Latina? Trataré de averiguarlo.
