Mostrando entradas con la etiqueta juegos infantiles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juegos infantiles. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de febrero de 2011

La Infancia Electrónica

Los juegos infantiles no son tales juegos, sino sus más serias actividades.

Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592) Escritor y filósofo francés

La masa encefálica de la especie humana ha disminuido un 10% en los últimos 20000 años, después de haber crecido por 2 millones de ellos. Los científicos tienen hipótesis no coincidentes para explicar  este cambio reciente hacia la reducción de la masa encefálica. Unos dicen que somos menos inteligentes que nuestros remotos antepasados, y otros en cambio creen que nuestros cerebros disminuidos son ahora más eficientes. Lo que sí yo estoy dispuesto a predecir es que a la vuelta de unos cuantos milenios nuestros semejantes del futuro van a tener sus manos de diferentes tamaños. Los derechos tendrán la diestra mucho más grande y desarrollada y los zurdos la siniestra.
Ya se trate del mouse de la computadora, de los diminutos teclados del último de los iphone o black berries o del remoto del Wi o el Play Station, el niño de ahora se pasa la mitad o más de su tiempo de vigilia ejercitando básicamente los músculos y nervios de su mano dominante. Y esto, por desgracia no es solo consecuencia de los adelantos tecnológicos y las supuestas ventajas de este supuesto sedentarismo activo para una infancia "haragana". Se trata además de las condiciones de vida en las ciudades del mundo de hoy.
Mis recuerdos de la niñez incluyen preponderantemente aquellos juegos callejeros que nos formaban verdaderamente en la convivencia social y nos hacían disfrutar a ricos y pobres por igual. En la calle bailábamos trompos, a la orilla del contén jugábamos con bolas, balones y balines al pen y al roler, y un pitén de pelota se armaba en cualquier solar o en la mismas calles de nuestros pueblos, con pelotas de papel periódico con forro del cartón de las cajetillas de cigarros. Las niñas pintaban unos signos en las aceras y corrían y saltaban de acuerdo con las reglas del pon. Que no solo de muñecas se divierten las hembras. Hoy los niños no deben permanecer solos ni en el frente de sus casas y para permitirles ir a jugar a casa de amiguitos, sus padres han de conocer profundamente a esos vecinos siendo la realidad que con ellos, a duras penas intercambian algún saludo superficial y de compromiso si se cruzan de frente, a veces.
Me molestan los retrógrados, cuyo exponente cimero es el presidente de Bolivia señor Evo Morales,  que reniegan del progreso y sueñan con sociedades primitivas. Despotrican de los descubridores españoles a quienes en definitiva le debemos estar aquí tal como somos. Reniegan de los automóviles, los medios masivos de comunicación, el internet y hasta de la carrera espacial. Pero en mi caso debo reconocer que en cuanto a la infancia electrónica, con sus juegos en solitario, vídeos enajenantes y precocidad en la dejadez de la inocencia infantil, que les acorta significativamente a nuestros niños la etapa más linda de la vida humana, debo suscribir el dicho reaccionario de que “cualquier tiempo pasado fue mejor.”