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jueves, 25 de noviembre de 2010

¡Ay Qué Bueno, Qué Bueno...

El Día de Dar Gracias permea los fines de noviembre en Estados Unidos. El americano abraza esta tradición con ganas. Aquí en el sureste de la Florida, la mitad de la población es de origen latino. Si acaso la quinta parte del total es población de blancos americanos. Así que presenciamos una imitación de la celebración. Pavo a la cubana, donde el guanajo sustituye al lechón de Nochebuena, con su mojito y congrí de relleno. O a la mejicana, con chile picante.  Nada que ver con el pavo anglo, asado entre almendras, manzanas, tomillo, hinojo, melaza, jerez, etc., etc.

Aunque hay varias cenas originarias consideradas como raíces de la celebración, la más antigua fue de colonos españoles en 1565. Se le atribuye el hecho al explorador Pedro Menéndez que compartió el banquete con la tribu de los Timucua por la zona de San Agustín. En general la historia de España en Norteamérica ha sido marginada. Pero la verdad es que no hubo nada de pavo en el convite de don Pedro, sino un potaje de frijoles y aunque ocurrió 56 años antes de que los peregrinos de Plymouth se hartaran de plumíferos, en realidad este último fue el antecedente que llevó a Abraham Lincoln a proclamar el 26 de noviembre de 1863 como el primer Día de Acción de Gracias.
Al día siguiente, en la actualidad ocurren ofrendas en el altar del consumismo. Las grandes tiendas abren sus puertas de madrugada, con rebajas o gangas significativas y las gentes se agolpan y atropellan delante de BrandsMart, Walmart, Sears, Kmart, Macy’s y otras similares olvidándose de Ño que barato! Es el Viernes Negro, que viene siendo una premier de las ventas de navidades.
Este año el presidente de la nación indultó ayer dos guanajos llamados Apple y Cider. El perdón presidencial parece remontarse a 1963 cuando Kennedy dijo del pavo que le dieron –vamos a quedarnos con él. Fue George H. Bush el que en 1989 perdonó oficialmente un guanajo por primera vez. Sin embargo el destino de más de 50 millones de otros pavos en Estados Unidos será convertirse en guanajos rellenos, como el del son de Ignacio Piñeiro.

jueves, 26 de agosto de 2010

La Guerra Innecesaria

Ahora en Septiembre quedarán en Iraq menos de 50 000 tropas de Estados Unidos, como entre- nadores y asesores de policías y ejército del gobierno de una supuesta democracia parlamentaria. Con la evacuación de las tropas de combate concluida, se ha abatido a lo largo del país una ola de ataques como en los peores momentos de la contienda. Julio ha acumulado 535 muertos y 1043 heridos. Es el peor balance en los últimos dos años y agosto va por igual o peor camino con incidentes mortales a diario. El Iraq que EEUU deja “liberado” se presenta bastante descorazonador. El saldo neto fue el derrocamiento del régimen de Saddan Hussein, un sangriento dictador, pero a fin de cuentas un enemigo poderoso, decidido y resuelto del régimen Iraní, hoy en día principal amenaza a la paz mundial, aunque tenaces y desorbitados aspirantes al Nobel afirmen lo contrario.

El saldo de la política aventurera de Bush hijo, del torpe ejecutor Rumsfeld y del halcón tras bambalinas Cheney no puede haber sido peor para los intereses de Estados Unidos. Ingobernabilidad a ojos vista, cuando aún no se han ido todos los militares de la coalición, en un país petrolero clave en la crítica zona geográfica en que está situado. ¡Y a qué precio!

Los estimados más conservadores hechos con base solamente en las partidas presupuestarias aprobadas rondan los 338 mil millones de dólares. Sin embargo, la Oficina de Presupuesto del Congreso en su reporte de agosto de este año calculó el gasto total en 709 mil millones desde el 2003 al 2010. Es imposible desvincular este derroche insensato y fútil de la crisis económica en que la administración anterior dejó sumido al país, sin negar que operaran otros factores, fundamentalmente la desregulación financiera y la burbuja inmobiliaria.

Lo peor de todo es el magro resultado, incluso contraproducente,  que hoy palpamos en Iraq. Las “armas de destrucción masiva” de Saddan, convertidas en el vellocino de oro del trío Bush, Rumsfeld, Cheney, nunca aparecieron. Hoy sabemos que el costoso derrocamiento de la tiranía de Hussein constituyó una guerra innecesaria.