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domingo, 9 de mayo de 2010

Disquisiciones Personales en el Día de las Madres

Tuve dos madres porque la que me parió era maestra y por la jornada laboral y el planeamiento de clases necesitó de ayuda para cuidar de mí en la infancia. Tata me prodigó más cariño que nadie en esta vida. Cuando murió, por cosas de la vida no estuve junto a ella. Quizá por eso su recuerdo ha pervivido en mi mente con más intensidad. Tengo mala memoria para las anécdotas, pero la panorámica general que conservo de aquellos tiempos es que Tata siempre me protegía o me defendía frente a todos, sin excepción. Viuda temprana, no tuvo hijos biológicos. Venía del campo y era analfabeta con un doctorado en nobleza, bondad y desprendimiento. Tengo previsto estudiar en los próximos días las cinco vías de Tomás de Aquino para demostrar la existencia de Dios. Si el santo me convence, entonces tendré esperanza de que exista una vida ultraterrena y la ilusión de encontrarme con Tata para pedirle perdón por no haber estado a su lado cuando experimentó la muerte.


Mi madre me quiso mucho, ya de mayor. O así lo sentí yo. Vaya usted a saber. Pragmática y sensible, era el complemento necesario para un padre, idealista incurable. Mami fue en sus últimos años un escudo contra la expatriación cuando su avanzada edad y limitaciones, derivadas de un flujo sanguíneo cerebral disminuido, reclamaron el cuidado de sus tres hijos y nueras. Cuando murió, yo, ya con 54 años en el lomo, tuve una sensación de desamparo racionalmente inexplicable, aunque en la realidad su falta me expuso efectivamente a una emigración que la vida le ha impuesto por una razón u otra a demasiados cubanos. Por ser Día de las Madres hago estas “disquisiciones” muy personales (reflexiones es un término muy ajado últimamente).

Para todas las madres el reconocimiento y homenaje  de todo bien nacido. En la época de mi niñez en este día se acostumbraba llevar una flor en el pecho, roja o blanca según la madre fuera viva o muerta respectivamente. También se oía mucho una canción que en Cuba era el “himno” de esta celebración. “Madrecita del Alma Querida” de Osvaldo Farrés, atribuida injustamente a José José. No sé por qué. Y que  dice así…

jueves, 6 de mayo de 2010

Un Milagro en la Revolución

Si poseo un blog, el próximo día 9 tendré que escribir de sentimientos a las madres, a mis madres. Porque este segundo domingo de Mayo se celebra en Cuba el Día de las Madres. En el periódico El Mundo, el 9 de mayo de 1920 el periodista Víctor Muñoz publicó la crónica “Mi Clavel Blanco” en la que expresaba: “El día de hoy es el segundo domingo de mayo, que los americanos consagran como el Día de las Madres, y que muchos cubanos quieren destinar al mismo objeto”. Ese mismo día, en Santiago de las Vegas la gente convocada para homenajear a las madres, ni corta ni perezosa, colmaron el Centro de Instrucción y Recreo de esa localidad. Al año siguiente, el 22 de abril el propio Muñoz, que era concejal capitalino, consiguió instituir la festividad en la Habana. Fue en el 1928 que la Cámara de Representantes oficializó a nivel nacional que cada segundo domingo de mayo se celebrara  el Día de las Madres.

Los griegos, ahora con el agua al cuello o la deuda al cuello y que por eso mismo tienen “erizados” a los otros gobiernos de la Unión Europea, los admirables fundadores de la cultura occidental fueron también los primeros como en 250 a. C., en celebrar la maternidad dedicándole una fecha del calendario. Era en los Idus de Marzo, alrededor del día 15 que se rendían honores a Rea, la madre de Zeus, Poseidón y Hades.

Víctor Muñoz tomó la idea de los Estados Unidos, como lo expresó sin ambages en su crónica original. En aquel país el segundo domingo de mayo se había aprobado  como fiesta nacional por el Congreso en el año 1914. La selección de la fecha se remonta al año 1872 en que se sugirió ese día para la honra de la paz en Massachussets y también porque el cumpleaños de la madre de una de las impulsoras de la conmemoración, Anna Jarvis, coincidía muchas veces con esa fecha. En mi Costa Rica querida se tomó el 15 de agosto por la festividad católica a la Madre Inmaculada, María de Nazaret. En Panamá es el 8 de diciembre, Día de la Inmaculada concepción. En Argentina, siempre desmarcándose del resto de Latinoamérica,  lo celebran un domingo después que los demás, el tercero de mayo.

En Venezuela, el Congreso Nacional aprobó en 1924 la festividad como “El Día de las Tres Madres”. Vaya usted a saber por qué. En Cuba, donde a casi todas las fechas conmemorativas de antes del 1 de enero de 1959 le dieron la vuelta para cambiarlas por otras (desde la Independencia hasta el Día de los Reyes Magos) ha sido un verdadero milagro que el Día de las Madres, copiado por Muñoz de una idea original de los “yanquis”, haya sobrevivido hasta nuestros días… ¡y el mismo día! Un milagro en la Revolución.