Hablo de párrafos en esta entrada, en contra y a favor del llamado Deporte Rey, en ocasión de la Copa Mundial 2010 y lo que hemos apreciado de su enorme repercusión. Allá va eso.
Ayer viernes 18, Estados Unidos empató con Eslovenia 2 a 2 viniendo de abajo. La verdad es que el tercer gol se lo quitó el árbitro Koman Coulibaly de Mali a los americanos (ver a partir de minuto 3:05 ). Pero hace rato que aprendí que en este deporte los jugadores y los aficionados aceptan como parte del juego los errores de los árbitros. Aún más, no solo los errores. Consideran al árbitro en contra o a favor como un factor natural en los partidos. Es tan común que un penal no apreciado u otro inventado por el árbitro, que una tarjeta roja discutible, que un fuera de juego inexistente o pasado por alto, decidan los partidos, que estas injusticias intencionadas o erráticas se consideran parte de la mecánica del futbol. Es una cualidad en contra que tiene este deporte. Otra es la demasiada frecuencia con que ocurren sorpresas y resultados inexplicables. España, siendo uno de los dos máximos favoritos para ganar la copa, perdió su debut ante Suiza. Los seguidores del deporte rey dicen: el fútbol es así. A veces el juego se torna monótono, a pesar del movimiento constante de los atletas en el campo. Los narradores se limitan entonces a pronunciar los nombres de los jugadores que van haciendo contacto con la bola. Fulano, Esperancejo, Mengano, Ciclano, Boca Negra, Elano... O en su defecto empiezan a hablar de trivialidades ajenas al espectáculo. Para rematar el párrafo en contra, menciono las reacciones violentas e incluso vandálicas de algunas fanaticadas, que han provocado reyertas mortales y destrucción indiscriminada dentro y fuera de los estadios de fútbol en todos los continentes, lo cual no se observa en dimensiones comparables en otros deportes.
Ah…, pero. El impacto social del fútbol no tiene parangón. Incluso en un marco más amplio que sobrepasa al de los deportes. No creo que haya otro espectáculo de cualquier índole que movilice con tanta intensidad la pasión de la población mundial. Ni siquiera los juegos olímpicos, debido a su propia diversidad y dispersión de la atención, concentran tanta emotividad. Ayer mismo pude ver mexicanos conmovidos y delirantes de alegría ante la remontada del equipo estadounidense durante el partido USA vs Eslovenia. No es secreto que la frontera común y el complicado problema de la inmigración ha originado cierta animadversión entre amplios sectores de las poblaciones al norte y el sur del río Bravo. No obstante, ya sea por la presencia de Carlos Bocanegra y José Torres –ambos de ascendencia mexicana- en la plantilla de Estados Unidos o por afición futbolística regional, ya que los dos países pertenecen a la CONCACAF, el sentimiento prevaleciente y las emociones salidas a la superficie entre mexicanos y estadounidenses ha sido de mutuo respaldo y confraternidad. Se repiten muchas otras circunstancias, en múltiples latitudes del planeta, apropiadas para destacar impactos positivos del Mundial de Fútbol pero este párrafo favorable se alargaría como chicle de balón. Concluyo parafraseando una consigna asignada en Cuba al poder popular que en su momento la vida demostró huera, pero que aplicada aquí adquiere legitimidad : La pasión del fútbol, esa sí es pasión.