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jueves, 14 de julio de 2011

Hace 222: La Cruenta Linterna

En el ducentésimo vigésimo segundo aniversario de la madre de todas las revoluciones y sobre la vigencia de algunas de sus luces y de sus trágicas sombras…

 El 14 de julio de 1789, veinte mil hombres salidos del Palals Royal marchan contra la aborrecida fortaleza de París, la Bastilla, la cual, horas más tarde, es tomada por asalto y la cabeza del gobernador que había querido defen- derla oscila lívida sobre la punta de una pica; por primera vez lanza sus rayos esta cruenta linterna de la Revolución.” Stefan Zweig se refiere así al episodio de la toma de la Bastilla en su biografía de María Antonieta.

Pulsando arriba el nombre de María Antonieta se tiene acceso a esta biografía de Stefan Zweig en español y completa. Dividida en fragmentos de entre 5 y 10 páginas, es factible leer en la misma pantalla de la computadora al menos un fragmento por vez sin que resulte fatigoso a la vista. El lector queda atrapado por la prosa cautivante del insigne escritor austriaco. Y aunque el personaje protagónico es la controvertida consorte de Luis XVI la biografía deviene además una historia novelada de aquellos años convulsos y sangrientos en Francia.        
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La Toma de la Bastilla marca el inicio simbólico de la Revolución Francesa, acontecimiento colosal que se identifica con el comienzo de la edad y la historia contemporánea. La ruptura con el poder absoluto de los regímenes monárquicos de la época fue al mismo tiempo el parto de los valores y conceptos básicos de la democracia, vigentes hasta nuestros días. Así mismo desde entonces se inició el debate entre dos posiciones básicas y contrapuestas de entender el funcionamiento de las sociedades y el alcance y los límites de la gestión del estado por un lado y el espacio dejado a la libertad e iniciativas individuales por el otro. La vigencia de esta lucha de contrarios (al decir de Hegel*) en nuestro mundo actual ha cobrado una fuerza que explota con violencia en múltiples puntos de la geografía planetaria. Desde la violencia sangrienta de cientos de muertes perpetradas por soldados y policías sirios contra la población civil hasta el sopapo de un cubano a otro en Miami en plena disputa por la libertad de viajar, pasando por el hostigamiento e insultos a la diputada venezolana María Corina Machado en la conmemoración del bicentenario de esa república.


La Policía Militar  rodea a la diputada y algunos "camisas Rojas" también, todos  en una actitud y movimientos que no permiten distinguir entre la protección y el hostigamiento. Al final del segmento se ve que la multitud lanza objetos al cuerpo de María Corina.

Los franceses adoptaron en el 1880 el 14 de Julio como Fiesta Nacional. Ellos hoy aducen que no fue por el asalto tumultuoso de la prisión-fortaleza donde se vapuleó la cabeza del gobernador clavada en una pica, entre otras lindezas, sino para recordar la Fiesta de la Federación de 1790 y que diz que celebraba la reconciliación y la unidad de todos los franceses. Bah, cuentos de camino. Caballeros,  si en 1792 ocurrieron las matanzas de septiembre, probablemente el episodio más bárbaro de aquella revolución. En total y durante esos días de septiembre, en París y en sus distintos departamentos se realizaron más de 1.400 ejecuciones. Todavía ese año se produjo el asesinato de la princesa de Lamballe. Enero del 93 empezaba el año con la ejecución de Luis XVI, el 16 de marzo la creación del Tribunal Revolucionario, que como todos los de su tipo acaban con la quinta y con los mangos. El 3 de Julio le arrebataron de sus brazos el hijo a María Antonieta. El 16 de octubre la llevaron en carreta rodeada y vituperada por la chusma a cortarle la cabeza. ¡Valiente reconciliación y unidad!
Para terminar. La caída del antiguo régimen al transcurrir los años, no enseguida pues  el imperio napoleónico surgió apenas una década después, significó más tarde el establecimiento de la república en Francia y la aceptación universal, al menos en teoría, de los principios de igualdad, fraternidad y libertad. Pareciera que la humanidad está condenada a conquistar sus avances a saltos y con violencia exacerbada. A mi modo de ver, la edad antigua, la media y la contemporánea pertenecen por todo ello a una civilización todavía primitiva. Cuando los hombres adquieran las habilidades, de las que hoy carecemos, para conducir la lucha de los contrarios y conseguir el progreso gradual en los marcos de una evolución pacífica, habremos alcanzado el estatus de civilización plenamente establecida. En ella no cabrán las luces cegadoras  de las "cruentas linternas".

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* En la dialéctica hegeliana, se considera que la lucha entre los elementos opuestos o contradictorios es la fuerza que promueve el cambio progresivo y el desarrollo evolutivo.


jueves, 25 de marzo de 2010

Mundo Ambidextro

Tras la Segunda Guerra Mundial se fue moldeando, al contradictorio calor de la guerra fría, el mundo bipolar. Se caracterizó así ese período del siglo pasado en que dos superpotencias se disputaban el dominio político y económico del mundo. Efectivamente, el acontecer global estaba matizado, de un modo u otro, por una contradicción fundamental: URSS-EE UU. Hasta se definió una supuesta estética denominada "realismo socialista", y en el extremo opuesto se proclamó al más aséptico y no comprometido arte como el único valedero.

Sería innecesario recordar, por lo reciente, cómo desde el Chile de Allende y Pinochet hasta la Angola de Neto y Savimbi, pasando por todo el acontecer histórico de la mitad final del siglo pasado, el planeta se debatía bajo el influjo de los dos polos políticos de entonces. Quizá la revolución cubana, particularmente con el episodio de “la crisis de los cohetes”, fue el ejemplo más descarnado y descarado de la transposición de los intereses de las dos potencias hegemónicas a escenarios ajenos. Tras la caída de la URSS y sus satélites de Europa, del así llamado campo socialista, se presuponía que se impondría la unipolaridad para describir un mundo pretendidamente globalizado que danzaba, en gran medida, al compás de la batuta que porta el Tío Sam. Sin embargo, la realidad en que vivimos nos dice a gritos, a veces desgarradores, que persisten dos polos contradictorios con centros de poder no tan localizados como antaño, sino dislocados a la manera de una hidra con múltiples cabezas.

De un lado los marginados, las víctimas desesperadas de la desigualdad social y la corrupción, la juventud idealista e ingenua a la vez, los aventureros y la hez de la sociedad, son aglutinados por personas con una fuerte adicción al poder político, que devienen líderes de causas forjadas por una mezcla de ingredientes en la que no han de faltar justas reivindicaciones al lado de intereses de emporios del narcotráfico, de nacionalismos de corte fascista, de fanatismos religiosos, del simple placer destructivo o de energías juveniles mal canalizadas. Es factor común en ellas no ofrecer soluciones viables sino mucho populismo demagógico. Del otro lado, los intereses creados y sus detentores porfiando por retener la parte del león y mantener un status quo que los favorece en demasía.

Como resultado siguen existiendo dos bandos definidos. Si se trata de dictadores, cada bando condena al de la acera opuesta y defiende a los de su lado. Si fuéramos políticamente ambidextros podríamos reconocer con mayor justeza que los caudillos de ambos polos ideológicos negaron la libertad de sus pueblos y reprimieron con saña a sus opositores, acciones igualmente condenables sin que importe la causa que se pretendía defender. Si fuéramos capaces de batear intelectualmente a las dos manos, podríamos entender que unos países necesitan desesperadamente liberar las mentes y las manos de sus ciudadanos para que produzcan con la eficiencia y productividad que solo la retribución personal es capaz de aguijonear, sin tutelas probadamente incompetentes, mientras que otras naciones, por el contrario, necesitan urgentemente mayores regulaciones en sus economías y finanzas que impidan que las ambiciones desbocadas lleven al mundo cada tanto a las crisis económicas periódicas.

Al mismo tiempo se impone batear a la derecha o a la izquierda según las circunstancias y situaciones particulares de cada país en un momento dado y desechar la violencia para dirimir diferencias dentro de los países y entre países. Es imperativo corregir el rumbo en un sentido u otro en cada rincón del planeta y aislar a los violentos, como portadores que son de la peste de nuestro siglo. Aquello de "que navegamos en la misma barca" ha dejado de ser una imagen poética. Se hace imprescindible un mundo ambidextro.