martes, 3 de noviembre de 2009

Un aniversario para no recordar


El doctor Aloysius Alzheimer conoció en 1901 una paciente de 51 años con alteraciones de la conducta que consideró demencia presenil. Las peculiaridades del caso obsesionaron al médico con su paciente. En 1906 la dama falleció y Aloysius le envió la historia clínica y el cerebro extraído del cadáver a Emil Krepelin, descubridor o inventor (que en condiciones médicas nunca se sabe) de la esquizofrenia. Desde entonces se identificaron las placas de una sustancia proteínica llamada “amiloide” por su reacción a colorantes de almidón.

El 3 de noviembre de 1906 Alzheimer presentó el caso clínico en un congreso de psiquiatras del sureste de Alemania. Después Krepelin en una publicación científica se refirió a esa condición y le dio el apellido de su colega.

Hoy la sombra de ese vocablo alemán obsesiona a muchos adultos mayores y a no pocos “medio tiempo” cada vez que la desmemoria les hace buscar por largos minutos u horas un objeto o documento extraviado o, lo que es peor, un nombre familiar que se esconde hábil y tenaz entre los vericuetos de su enredijo de neuronas y glías. La verdad es que después de los 50, la mayoría de nosotros va a tener esos deslices de la memoria sin que se relacione con patología mental.

Los 10 signos de alarma que propugna la Asociación de Alzheimer de Estados Unidos son:

Pérdida de memoria que afecta a la capacidad laboral.
• Dificultad para llevar a cabo tareas familiares.
• Problemas con el lenguaje.
• Desorientación en tiempo y lugar.
• Juicio pobre o disminuido.
• Problemas con el pensamiento abstracto.
• Cosas colocadas en lugares erróneos.
• Cambios en el humor o en el comportamiento.
• Cambios en la personalidad.
• Pérdida de iniciativa.


Mientras nuestras dificultades no lleguen a ese grado en por lo menos tres de los puntos listados, no debiéramos preocuparnos demasiado.

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