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jueves, 19 de mayo de 2011

Con Pena y sin Gloria

Un lamento y un reclamo crítico en  víspera del 20 de mayo

En la mayoría de los países de nuestra región  se celebra la Fiesta Nacional coincidiendo con la fecha de autodeterminación o  independencia. En el caso de “la llave del golfo”, de “la perla de las Antillas”, de mi patria Cuba, este viernes 20 de Mayo pasará -al decir criollo- debajo de la mesa. Si acaso en los medios de prensa cubanos aparecerá una versión distorsionada de la efeméride,  que induzca más al reproche de una frustación que a la celebración de un éxito perseguido y batallado por décadas.
La verdad del caso es que la historia real de los acontecimientos no encajaría en lo que ha sido moda perenne de la izquierda,  y pilar ideológico y de sobrevivencia del gobierno cubano del último medio siglo: el antinorteamericanismo.
Si bien el 20 de mayo de 1902 la independencia de Cuba nacía con un apéndice, la controvertida enmienda Platt, ese día se coronaba con éxito la gestación de la nación. Gestación que había durado siglos y requirió el concurso de ilustres pensadores, de celebrados artistas, de generales con gran genio militar, de mambises heroicos, de negros emancipados y valerosos y de incontables mártires. Y también (¿Por qué no decirlo?) de la solidaridad interesada pero oportuna de los Estados Unidos. Si el parto requirió de los fórceps plattistas ello no demerita o rebaja la naturaleza de la criatura republicana que veía la luz aquel día glorioso.
Hasta 1959 los cubanos tuvimos nuestra  fiesta nacional con todos y para todos. El histórico reconocimiento y el homenaje a los fundadores fue respetado todavía cuando el derrocamiento del dictador Gerardo Machado en la revolución de 1933, que tuvo el mérito de extirpar el incómodo apéndice, ya a esa altura completamente innecesario, y adoptar una constitución en 1940 que fue modelo para su época.
Con la huída del general golpista  Fulgencio Batista la madrugada del 1 de enero de 1959 devino una revolución, que independientemente de sus justos presupuestos, sus resultados contraproducentes  o sus discutidos logros parciales, fue y ha seguido siendo  en exceso excluyente. Así se renegó de todo el pasado republicano, igual que si condenáramos a un hijo al llegar a la mayoría de edad por las enfermedades y las caídas de su infancia junto con los disparates e inconveniencias de su adolescencia.  Las leyes y la historia oficial se ocuparon entonces de denostar la fecha y rebajar su significado para sustituirla por eventos ligados al proceso del derrocamiento de la tiranía batistiana, especialmente aquellos más cercanos a la facción que se apropió de la victoria, tales como los fechados el 26 de julio y el 1 de enero.

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Por eso este año nuevamente, al cumplirse el 109 aniversario de aquella fecha cúspide de nuestra historia, que marcó el nacimiento de la nación, si Cuba -esa abstracción- tuviera conciencia humana  estaría sumida en dolorosa introspección.
En el archipiélago cubano la inmensa  mayoría  de la población activa, nacidos en la década del  50 y después,  que han sido escolarizados en una doctrina maniquea, unilateral y de una interesada parcialidad que llega a la distorsión, permanecerá indiferente e ignorante respecto de la efeméride. En Miami, la segunda ciudad de los cubanos donde más  se ha concentrado la extensa y variopinta diáspora cubana, que además se extiende por casi todo el resto del mundo, se exaltará la fecha bajo la batuta de políticos capaces de usar la conmemoración para el auto bombo y tal vez distorsionándola en sentido contrario.
Los costosos errores que en el ámbito de la cultura historiográfica nos han traído a esta deplorable devaluación de los símbolos fundacionales más caros y de los hechos más enriquecedores de nuestro desarrollo como nación, a esta altura del partido esos errores son aceptados por todo el mundo, tanto como los dislates en la economía, la agricultura, la industria, el comercio, y en el estilo burocrático de la administración,  deficiencias puestas de moda y traídas a la luz pública por el General  Raúl Castro y los famosos “lineamientos”, especie de   bálsamo de Fierabrás capaz de curar todas las dolencia del cuerpo social.
Pero ese linimento (perdón lineamientos)  no existe para criticar, ponderar y rectificar las incomprensiones, e interpretaciones dogmáticas de los acontecimientos históricos.No hay  palabras para denunciar y combatir la corrupción espiritual de arrimar siempre la brasa de la Historia a su sartén, la sartén de la élite de  poder. Verdadero coto cerrado a todo lo que no les sea absolutamente incondicional.
Restituirle a los cubanos la gloria del 20 de mayo es tarea primordial  para una intelectualidad que no se abochorne de sus errores y excesos  ideológicos del pasado por la adhesión a las mieles de migajas de poder, ni otra que se amilane por su escape acomodaticio a las ventajas del distanciamiento, en una palabra que no se acobarden. Se debería comenzar por encuentros académicos entre verdaderas autoridades en la materia, de dentro y fuera de la isla. Una sola intelectualidad que prepare las condiciones para que los que cortan el bacalao en la isla nos devuelvan la efeméride del 20 de mayo de 1902  ¡¡sin pena y con gloria!!
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 Update: Hoy 20 de Mayo el dirio oficial del partido gobernante en Cuba y el de mayor tirada ignora olímpicamente la conmemoración patria y para rematar en su página 5, bajo el título "La Fortuna de la Casualidad", aparece un artículo que rememora el 12 de octubre de 1492.

sábado, 22 de mayo de 2010

Identidad Escamoteada

El periódico Granma ha sido mucho más que el “órgano oficial del Partido Comunista de Cuba”, o por serlo 45 años y no tener un contrario que le haga sombra ha devenido la conciencia acrítica de la revolución. Ha jugado un papel rector en el afán desmedido y contra natura por conformar el sueño de la sociedad de los unánimes, y de las enormes desigualdades de oportunidades y de derechos en la realidad. Esa es la verdad. “Eso es así” –como dicen en su muletilla los borinqueños.

Su edición del sábado 22 de mayo trae destacada en su página de cultura una crónica de Amelia Duarte de la Rosa sobre el Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Patrimonio Comunitario, auspiciado nada menos que por el Fondo Cultural del Alba. Amelia ha querido titular su artículo Memoria, Identidad y Patrimonio. Construir las historias locales, emplear y conservar ese patrimonio, afianzar la identidad y los valores autóctonos son ideas defendidas en el evento y en la crónica que lo reseña.

Dos días antes, el Granma del jueves 20 de mayo ni siquiera menciona en ninguna de sus 8 páginas la efeméride del 20 de Mayo. Ese día nació la República de Cuba. Aunque adherida por más de tres décadas a una especie de incubadora, que fue la Enmienda Platt posteriormente abolida en 1934, se conseguía la formal independencia de Cuba como nación. La gestación de la nacionalidad desde el siglo XVIII con Francisco de Arango y Parreño, pasando por la Guerra de los 10 Años en el XIX y la Guerra Necesaria que organizó el Apóstol, culminó por fin en aquella fecha con el reconocimiento de nuestro país en el concierto de las naciones libres y soberanas del mundo. Y es que desvalorizar el alcance de aquella fecha y con ello toda la Cuba de antes del 1ro de enero de 1959 ha sido voluntad política de la “revolución”, sostenida a través del sistema educativo, los medios masivos y las instituciones políticas y de masas.

La mayoría de los cubanos de menos de 50 años ignoran completamente lo que sucedió aquel mediodía de mayo de 1902. Por el contrario, todos ellos desde sus primeros años escolares, y aun antes, saben de un 26 de julio, del combate en un cuartel asaltado y del superhéroe, que a partir de entonces toma dimensiones de gigante en la historia oficial. Y no exageran esos historiadores, cuando en verdad el personaje ha conseguido suplantar la propia identidad de la nación por una hecha a su medida y a su forma. En los países desarrollados se ha puesto de moda el robo de identidad personal como delito común que llevan a cabo, por diversos procedimientos, desde grandes corporaciones del crimen organizado hasta delincuenticos de poca monta. Ahora bien, ¿Qué duda cabe?  Para escamotear la identidad de una nación entera hay que tener la estatura de un gigante.